Cuando se cumplen 70 años del terrible bombardeo a Hiroshima y Nagasaki, el obispo de Bilbao ha querido visitar estas ciudades niponas para transmitir el apoyo del pueblo vasco en el homenaje a las víctimas de la masacre. Hace cinco años, el arzobispo de Nagasaki visitó Gernika en una peregrinación que Mario Iceta ha querido corresponder aceptando la invitación del arzobispo japonés para visitar dos ciudades niponas que, como Gernika, fueron el objetivo de cruentos bombardeos. Con motivo de esta visita, el obispo de Bilbao ha querido conceder una entrevista al diario Deia en la que ha expresado la conmoción sentida al visitar una ciudad como Hiroshima, víctima del horror pero en la que también se respira esperanza. Para Iceta, es sorprendente el «empeño en positivo a favor de la paz» que tienen los habitantes de la ciudad nipona, que el prelado ha comparado con Gernika, que también supo resurgir de sus cenizas tras la guerra. ¿En qué actos toma usted parte estos días? -Esta mañana (por ayer) he podido visitar el Museo de la Bomba Atómica de Hiroshima y el Memorial sobre la Paz, que ha estado repleto de gente de todo Japón. Por la tarde hemos comenzado la celebración religiosa. Nos hemos reunido unas dos mil personas, cristianas y anglicanas, en una procesión de una hora hasta la catedral de Hiroshima. Ha sido bonito ver la amalgama de religiones, porque en Japón la religión católica es muy pequeña, no alcanza el 0,3%. En la catedral hemos realizado una celebración religiosa y ecuménica. Después hemos tenido un momento de encuentro con todos los peregrinos. Mañana (por hoy) tenemos dos actos, una misa y un acto ecuménico en el que tendré una breve intervención trayendo el saludo de la Diócesis de Bilbao y de la comunidad cristiana de Gernika que quiere hacer presente la gratitud por la visita de aquellos peregrinos japoneses que nos visitaron hace años. Relataré lo que fue el bombardeo de Gernika y los sentimientos por construir la paz, la esperanza y el compromiso de todos por trabajar fervientemente por ser constructores de paz y de esperanza. Y después visitará Nagasaki. -Sí, allí habrá unas celebraciones similares hasta el domingo, que es el día del aniversario del bombardeo de Nagasaki. Tendremos una celebración ecuménica por la mañana y una recepción civil en el Ayuntamiento de la ciudad. Por la tarde tendremos una misa en la catedral de Nagasaki. Yo he traído, como regalo a la diócesis de Nagasaki, una reproducción de la cabeza de la Virgen que fue rescatada en Gernika tras el bombardeo. La parroquia de Santa María solo la tuvo unos pocos años en una capilla lateral que quedó destruida con las bombas. Entre los escombros se recuperó la cabeza y se expone hoy en día en la parroquia de Gernika. Como regalo y recuerdo de la parroquia de Gernika, de la comunidad cristiana de Gernika y de la Diócesis de Bilbao hemos hecho una reproducción de esta cabeza rescatada. Después habrá una marcha de oración por la paz con antorchas. Hiroshima hoy en día es un monumento a la paz. ¿Es algo que se ha acentuado estos días? -Uno cuando viene y ve el lugar siente una profunda conmoción. Primero por ver el horror que fue la guerra y el horror que fue el bombardeo, las decenas de miles de muertos y heridos. Realmente causa una tremenda conmoción interior. Yo he salido de ese museo realmente conmocionado. Pero por otro lado se vive una gran esperanza por ver a personas venidas de todo el mundo, de todas las latitudes, de diferentes pensamientos y religiones unidas en oración, cada uno según la manera de su fe, con un deseo de trabajar activamente por la paz, por conseguir que los conflictos y las dificultades se resuelvan siempre por vía pacífica. Ese empeño en positivo a favor de la paz se respira hoy en las calles de Hiroshima. La verdad es que aquí es complicado expresar con palabras los sentimientos que a uno le genera Hiroshima. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido en su primer contacto con Hiroshima? -El impacto de las imágenes, del recuerdo de ese día terrible y de las secuelas larguísimas y tan tremendas durante todos estos años ha sido muy importante. Antes de la marcha por la paz ha habido también unos testimonios de algunos de los supervivientes del bombardeo. Ha sido conmovedor ver cómo esas personas han sido capaces de rehacer su vida en una ciudad que ha quedado, ciertamente, muy hermosa. Es una ciudad muy dinámica y moderna. En eso me ha recordado un poco a Gernika, que fue totalmente destruida y hoy en día es una ciudad nueva con ganas de vivir, con futuro y esperanza. Aquí ves que Hiroshima es una ciudad nueva que ha resurgido de sus cenizas. Son sensaciones muy intensas que no son fáciles de describir. ¿Cree usted que setenta años después el mundo está concienciado de que es algo que no puede volver a suceder? -Pienso que cada generación tiene que volver a hacer memoria de las cosas que han pasado. Creo que cada generación tiene que hacer suyo el compromiso. La tarea educativa es absolutamente fundamental para ser conscientes de que con las guerras todos pierden. Hay que ser conscientes de que el ser humano puede hacer cosas tan tremendas como lo que vemos en Hiroshima. Hay que aprender a resolver las cosas siempre por la vía pacífica. Es una tarea educativa que tiene que estar en primer plano y ser transmitida con esmero. Tiene que ser una labor continua. No se puede dar por supuesta.
Iceta: ‘En Hiroshima se respira empeño por la paz’
Ayuda a Infovaticana a seguir informando